Una bonita portada y una temática a la que no puedo resistirme hicieron que me interesara por esta novela ambientada en Alemania durante la IIGM. Hoy os traigo mis impresiones de "La buena gente":
Nº de páginas: 384 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: EDICIONES B
ISBN: 9788466662260
P.V.P: 19.00€
Ursula Werner nació en Alemania y se crio en Estados Unidos, donde ha ejercido su profesión de abogada al tiempo que se dedicaba a la escritura. Su bisabuelo fue secretario de Estado de Economía durante el régimen de Hitler, de 1928 a 1945. En su familia no se hablaba de él, hasta que, en 2011, Ursula encontró una cantidad de cartas y recortes de periódicos ocultos en la casa de una tía, en Hamburgo. Inspirada en esta historia, ha escrito La buena gente, su primera novela. Vive en la ciudad de Washington.
Sinopsis:
Alemania, 1944. Los niños viven su infancia pese a todo, y los adultos intentan mantener los ojos y los oídos cerrados. Mientras tanto, algunos se juegan la vida por ayudar a otros...Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Edith y Oskar Eberhardt trasladan a su familia desde Berlín hasta la tranquila ciudad de Blumental, cerca de Suiza. Oskar, un miembro del gabinete de Hitler, está ausente casi todo el tiempo, y Franz combate en la guerra, de modo que las mujeres de la casa se quedan solas, llevando una existencia tranquila en una pintoresca población. Sin embargo, la vida en Blumental no es tan idílica como parece. Un joven capitán nazi aterroriza a los ciudadanos a quienes debería proteger. Los vecinos se espían mutuamente, y algunos desaparecen de manera misteriosa.
Una novela sobre la Segunda Guerra Mundial inspirada en un caso real: el bisabuelo de Ursula Werner fue secretario de Estado de Economía durante el régimen de Hitler. En su familia no se hablaba de él, hasta que en 2011 la autora encontró una cantidad de cartas y recortes de periódicos ocultos en la casa de su tía, en Hamburgo.
Mis Impresiones:
No suelo resistirme a ninguna novela ambientada en la IIGM porque independientemente de que me gusten más o menos, todas me aportan algo, siempre hay un nuevo enfoque o un hecho desconocido y algo que aprender en ellas… Por eso me decidí por esta novela que aunque no ha sido exactamente lo que esperaba, también me ha aportado algo nuevo… alejada de los campos de exterminio, de batallas o estrategias internacionales, “La buena gente” nos ofrece una visión distinta a lo que estamos acostumbrados, analizando lo que estaba ocurriendo desde la perspectiva de una familia alemana, un enfoque poco frecuente en la literatura sobre la Segunda Guerra Mundial.
La novela se desarrolla durante tres días, 18, 19 y 20 de Julio de 1944, estos momentos cronológicos estructuran las tres partes en las que está dividido el libro que cuenta con 32 capítulos, además de un prólogo fechado en 1938 y un epílogo en 1966.
“La Buena Gente” está ambientada en el pequeño pueblo de Bumental, al borde del lago Bodensee, donde la familia Eberhardt quería construir la casa de sus sueños, una casa con vistas a los Alpes Suizos en la que Edith y Oskar pasaría las vacaciones estivales junto a su hija Marina y sus nietas y con la que empezaron a soñar cuando Oskar era un simple funcionario del gobierno y su sueldo apenas daba para pagar el diminuto piso de Berlín en el que vivían. Empezaron por el garaje cuando estalló la guerra, no habían tenido tiempo de construir nada grandioso cuando tomaron la decisión de mudarse con la familia al sur, lejos de los bombardeos aéreos que tenían lugar en Berlín. La enorme casa soñada se convirtió en una casa mucho más modesta y diminuta en la que Edith, Marina y sus hijas estarían seguras mientras los hombres estaban ausentes. Franz, el marido de Marina, en el frente, y Oskar, que ahora trabaja para el gobierno, acompañando frecuentemente al Fürher en sus viajes y desplazamientos.
Las mujeres pasan el tiempo con la aparente tranquilidad y la seguridad que les da vivir en el campo dónde apenas existe peligro, centrándose en sus quehaceres diarios, esperando noticias… tan solo la inquietud por lo ocurrido con Los Rosenberg, una familia judía propietarios de una panadería en el centro del pueblo que desparecieron de la noche a la mañana y de la que nadie sabe nada, o la presencia del capitán Heinrich Rodermann, un joven de diecisiete años que alberga grandes expectativas de alcanzar la fama como militar enviado a la zona a investigar una posible incursión de los franceses en territorio alemán, que descarga su frustración y ejerce su desmedida autoridad con los vecinos, perturba la relativa tranquilidad de los habitantes del pueblo. Pero esa situación cambiará cuando Oskar vuelva a casa para informarles que el Fürher se desplazará a visitar la zona, una situación que obligará a cambiar los secretos planes que llevan a cabo algunos de sus habitantes.
Con una prosa cuidada y sencilla, imprimiendo un tono tranquilo, quizás hasta bucólico, predominando la narración sobre el diálogo, la autora nos adentra en una historia de lectura pausada pero agradable de leer en la que nos ofrece una visión de la historia focalizando la acción sobre gente anónima, aldeanos alemanes alejados de fanatismos políticos o ideológicos y sin capacidad de decisión, con ello la autora pretende que conozcamos el sentimiento de estos ciudadanos alemanes sobre lo que estaba ocurriendo: aceptación, incredulidad, negación, aceptar el deber o reaccionar al sentimiento de culpa que surge por lo que está haciendo su país, fueron las motivaciones que les impulsaron a actuar como lo hicieron.
Creo que la historia aporta algunos datos interesantes como es la obligatoriedad de las niñas de pertenecer a la Hermandad de Mujeres Arias o la Fraternidad para el Führer, una forma de adoctrinarlas para la causa, la escasead de información sobre la desaparición de judíos, el espíritu prusiano de los militares alemanes, su adherencia a las normas, las leyes y el deber que les hacía acatar las ordenes sin cuestionarlas, la llegada al poder de Hitler que con sus reformas fiscales y comerciales dieron cierta bonanza y estabilidad a la maltrecha economía y propició el apoyo inicial de la población… pero todo ello nos llega a través de pequeñas pinceladas que asoman a lo largo de la narración, sin profundizar demasiado en todo ello, y más o menos esa falta de profundidad también me ha influido con los personajes, que no me han llegado a trasmitir o emocionar mucho más de lo que expresan sus actos.
En definitiva, “La buena gente” es una novela sobre la IIGM, ambientada en un pequeño pueblo alemán, que permite acercarnos al sentir de sus gentes, alejarnos del fanatismo para entender su actos y ponernos un poco en antecedentes… una historia pausada, sin excesiva emoción o la tensión narrativa que suele caracteriza a este tipo de historias, pero de lectura agradable y con algunos datos interesantes de conocer.
No suelo resistirme a ninguna novela ambientada en la IIGM porque independientemente de que me gusten más o menos, todas me aportan algo, siempre hay un nuevo enfoque o un hecho desconocido y algo que aprender en ellas… Por eso me decidí por esta novela que aunque no ha sido exactamente lo que esperaba, también me ha aportado algo nuevo… alejada de los campos de exterminio, de batallas o estrategias internacionales, “La buena gente” nos ofrece una visión distinta a lo que estamos acostumbrados, analizando lo que estaba ocurriendo desde la perspectiva de una familia alemana, un enfoque poco frecuente en la literatura sobre la Segunda Guerra Mundial.
La novela se desarrolla durante tres días, 18, 19 y 20 de Julio de 1944, estos momentos cronológicos estructuran las tres partes en las que está dividido el libro que cuenta con 32 capítulos, además de un prólogo fechado en 1938 y un epílogo en 1966.
“La Buena Gente” está ambientada en el pequeño pueblo de Bumental, al borde del lago Bodensee, donde la familia Eberhardt quería construir la casa de sus sueños, una casa con vistas a los Alpes Suizos en la que Edith y Oskar pasaría las vacaciones estivales junto a su hija Marina y sus nietas y con la que empezaron a soñar cuando Oskar era un simple funcionario del gobierno y su sueldo apenas daba para pagar el diminuto piso de Berlín en el que vivían. Empezaron por el garaje cuando estalló la guerra, no habían tenido tiempo de construir nada grandioso cuando tomaron la decisión de mudarse con la familia al sur, lejos de los bombardeos aéreos que tenían lugar en Berlín. La enorme casa soñada se convirtió en una casa mucho más modesta y diminuta en la que Edith, Marina y sus hijas estarían seguras mientras los hombres estaban ausentes. Franz, el marido de Marina, en el frente, y Oskar, que ahora trabaja para el gobierno, acompañando frecuentemente al Fürher en sus viajes y desplazamientos.
Las mujeres pasan el tiempo con la aparente tranquilidad y la seguridad que les da vivir en el campo dónde apenas existe peligro, centrándose en sus quehaceres diarios, esperando noticias… tan solo la inquietud por lo ocurrido con Los Rosenberg, una familia judía propietarios de una panadería en el centro del pueblo que desparecieron de la noche a la mañana y de la que nadie sabe nada, o la presencia del capitán Heinrich Rodermann, un joven de diecisiete años que alberga grandes expectativas de alcanzar la fama como militar enviado a la zona a investigar una posible incursión de los franceses en territorio alemán, que descarga su frustración y ejerce su desmedida autoridad con los vecinos, perturba la relativa tranquilidad de los habitantes del pueblo. Pero esa situación cambiará cuando Oskar vuelva a casa para informarles que el Fürher se desplazará a visitar la zona, una situación que obligará a cambiar los secretos planes que llevan a cabo algunos de sus habitantes.
Con una prosa cuidada y sencilla, imprimiendo un tono tranquilo, quizás hasta bucólico, predominando la narración sobre el diálogo, la autora nos adentra en una historia de lectura pausada pero agradable de leer en la que nos ofrece una visión de la historia focalizando la acción sobre gente anónima, aldeanos alemanes alejados de fanatismos políticos o ideológicos y sin capacidad de decisión, con ello la autora pretende que conozcamos el sentimiento de estos ciudadanos alemanes sobre lo que estaba ocurriendo: aceptación, incredulidad, negación, aceptar el deber o reaccionar al sentimiento de culpa que surge por lo que está haciendo su país, fueron las motivaciones que les impulsaron a actuar como lo hicieron.
Creo que la historia aporta algunos datos interesantes como es la obligatoriedad de las niñas de pertenecer a la Hermandad de Mujeres Arias o la Fraternidad para el Führer, una forma de adoctrinarlas para la causa, la escasead de información sobre la desaparición de judíos, el espíritu prusiano de los militares alemanes, su adherencia a las normas, las leyes y el deber que les hacía acatar las ordenes sin cuestionarlas, la llegada al poder de Hitler que con sus reformas fiscales y comerciales dieron cierta bonanza y estabilidad a la maltrecha economía y propició el apoyo inicial de la población… pero todo ello nos llega a través de pequeñas pinceladas que asoman a lo largo de la narración, sin profundizar demasiado en todo ello, y más o menos esa falta de profundidad también me ha influido con los personajes, que no me han llegado a trasmitir o emocionar mucho más de lo que expresan sus actos.
En definitiva, “La buena gente” es una novela sobre la IIGM, ambientada en un pequeño pueblo alemán, que permite acercarnos al sentir de sus gentes, alejarnos del fanatismo para entender su actos y ponernos un poco en antecedentes… una historia pausada, sin excesiva emoción o la tensión narrativa que suele caracteriza a este tipo de historias, pero de lectura agradable y con algunos datos interesantes de conocer.










