No pude resistirme a la sinopsis de este título, ni a esa frase tan contundente de "Para sobrevivir a un asesino necesitas instinto asesino"... así que hoy os traigo mis impresiones de "Las supervivientes" de Riley Sager.
Nº de páginas: 408 págs.
Encuadernación: Tapa blanda
Editorial: ALFAGUARA
ISBN: 9788420428123
P.V.P 19.90€
Riley Sager, natural de Pensilvania, es el seudónimo de un escritor, editor y diseñador gráfico. En la actualidad vive en Princeton, Nueva Jersey. Además de escribir, Riley es un apasionado del cine y la repostería, de la que da cuenta en su primera novela, Las Supervivientes (2017), que está siendo traducida a 18 idiomas y será llevada al cine próximamente en una producción de Universal Pictures.
Sinopsis:
Para sobrevivir a un asesino necesitas instinto asesino.
Quincy Carpenter, una estudiante universitaria, fue la única superviviente de la masacre que tuvo lugar en Pine Cottage, donde pasaba el fin de semana con cinco amigos. De inmediato, pasó a formar parte de un club al que nadie desea pertenecer: el que la prensa ha bautizado como «Las Últimas Chicas». Ellas son Lisa, que perdió a nueve compañeras de su hermandad; Sam, que se enfrentó a su atacante en el motel en el que trabajaba, y Quincy, que huyó a través de los bosques para escapar de aquel a quien solo puede referirse como «Él».
Diez años después, Quincy disfruta de cierta normalidad. Tiene un novio que la cuida, un blog de cocina, un bonito apartamento y, además, cuenta con la presencia terapéutica de Coop, el policía que le salvó la vida. Su memoria no le permite recordar los acontecimientos de aquella noche, y la medicación le ayuda a preservar ese equilibrio. Pero cuando Lisa aparece muerta en extrañas circunstancias, Quincy debe afrontar el pasado, porque la historia puede volver a comenzar.
Mis Impresiones:
Quincy es una superviviente, una de “Las últimas chicas”, un club al que pertenece desde que siendo una adolescente ella y su grupo de amigos fueron atacados en una cabaña en el idílico entorno de Pine Cottage en la que pasaban el fin de semana. La prensa, las televisiones, los curiosos, la bautizaron como una “Última chica”, que en la jerga cinematográfica es la que se salva al final de una película de terror… solo que no fue una película, aquello fue real, a pesar de que no recuerda nada de lo ocurrido aquella noche. Sufre amnesia disociativa, provocada por la experiencia traumática de las muertes de sus amigos, su mente se ha bloqueado desde el momento en el que una de sus amigas gritó saliendo herida de muerta de la espesura del bosque hasta que fue salvada por Coop, un ex marine reconvertido en policía que patrullaba por la zona buscando un fugado del psiquiátrico situado en las inmediaciones de la cabaña y que abatió al asesino. Una hora borrada por completo.
No es la única, otras mujeres sufrieron una experiencia similar, ocho años antes Lisa Milner fue la única superviviente de la masacre perpetrada en su hermandad, y cuatro años después Samantha Boyd en un motel en el que trabajaba. Aunque hubo otros homicidios múltiples, estos tres captaron especialmente la atención pública y las tres fueron integradas en el macabro club de “Las últimas chicas”.
Han pasado diez años, ahora Quincy vive con Jeff alejada de la presión mediática en su idílico apartamento de Nueva York que pudo comprarse gracias a las indemnizaciones millonarias que consiguieron los familiares de las víctimas, intenta ser una persona normal, tiene un blog de cocina y calma sus ansiedad con Xanax y cocinando pasteles para su página web. Sigue teniendo un contacto regular con Coop, dos o tres visitas al año y alguna llamada esporádica, unos lazos difíciles de explicar que unen a la joven con su salvador y a él con su protegida, Coop la hace sentirse segura, a pesar de que por su profesión, guarda las distancias afectivas, pero el caso es que siempre está ahí cuando ella le necesita.
Todo parece desmoronarse cuando Coop la cita para contarle que Lisa ha muerto, y dado que Samantha lleva años en paradero desconocido evitando a la prensa, solo queda ella, y de nuevo estará en el foco mediático.
Comenzamos con un prólogo para revivir diez años atrás el desenlace de los hechos vividos en Pine Cottage .para dar paso a la actualidad dónde será Quincy, narradora en primera persona de la historia, quién nos irá relatando su situación actual. Ella nos pondrá en antecedentes de lo ocurrido, su historia, su trayectoria y la de las otras chicas, su nexo común esos primeros años en el que estaban unidas por esa macabra experiencia y el interés mediático, sus pocos recuerdos del pasado, su vano intento de ser una persona normal camuflado en su afición al Xanax, su dependencia de Coop…
Un comienzo de lectura en el que tenemos la sensación de estar comenzando una película de terror solo que por el final, con esa sensación de curiosidad y morbo por saber lo ocurrido en el pasado y el efecto que algo así puede causar en una persona… pero que poco a poco y con el desarrollo de la historia y la aparición en escena de nuevos personajes que provocan un cambio en la protagonista, crea cierto clima de incertidumbre, de intriga psicológica, creando cierta duda en el lector de hacia dónde puede llevarnos esta historia, si la clave está en el pasado o en los nuevos acontecimientos del presente.
A través de una prosa sencilla y cercana a través de la cual Quincy relata sus sentimientos, recuerdos y sensaciones, y con la que consigue cierta empatía con el lector, avanzamos a un ritmo constante pero sin excesiva tensión narrativa, y esa narración se alterna con breves capítulos en los que un narrador omnisciente nos relata los momentos iniciales de ese fin de semana de estos amigos universitarios. Y aunque es cierto que la novela llega a una última parte mucho más cinematográfica y visual en la que el ritmo y la tensión narrativa, e incluso las dudas, tomas el protagonismo de la historia, creo que alterando la información de esos capítulos (que no siempre llevan un orden cronológico) la novela hubiera ganado en intriga e incertidumbre casi desde sus inicios, y a mí no me hubiera dado por hacer apuestas que luego resultaron ser ciertas, aunque tengo que reconocer que sin ningún fundamento claro, simple intuición.
En definitiva, “Las supervivientes” es una novela de intriga que comienza relatándonos el desenlace de una película de terror, un comienzo morboso en el que se introducen algunos acontecimientos y personajes que hacen evolucionar la historia hacia una novela de intriga psicológica y que sin tener excesivo ritmo inicial, poco a poco aumenta para llevarnos a unas últimas páginas cargadas de incertidumbre y un desenlace muy cinematográfico por el que no me sorprende que sea llevada al cine próximamente. Una novela que entretiene, cumple su función y os recomiendo leer.
Mis Impresiones:
Quincy es una superviviente, una de “Las últimas chicas”, un club al que pertenece desde que siendo una adolescente ella y su grupo de amigos fueron atacados en una cabaña en el idílico entorno de Pine Cottage en la que pasaban el fin de semana. La prensa, las televisiones, los curiosos, la bautizaron como una “Última chica”, que en la jerga cinematográfica es la que se salva al final de una película de terror… solo que no fue una película, aquello fue real, a pesar de que no recuerda nada de lo ocurrido aquella noche. Sufre amnesia disociativa, provocada por la experiencia traumática de las muertes de sus amigos, su mente se ha bloqueado desde el momento en el que una de sus amigas gritó saliendo herida de muerta de la espesura del bosque hasta que fue salvada por Coop, un ex marine reconvertido en policía que patrullaba por la zona buscando un fugado del psiquiátrico situado en las inmediaciones de la cabaña y que abatió al asesino. Una hora borrada por completo.
No es la única, otras mujeres sufrieron una experiencia similar, ocho años antes Lisa Milner fue la única superviviente de la masacre perpetrada en su hermandad, y cuatro años después Samantha Boyd en un motel en el que trabajaba. Aunque hubo otros homicidios múltiples, estos tres captaron especialmente la atención pública y las tres fueron integradas en el macabro club de “Las últimas chicas”.
Han pasado diez años, ahora Quincy vive con Jeff alejada de la presión mediática en su idílico apartamento de Nueva York que pudo comprarse gracias a las indemnizaciones millonarias que consiguieron los familiares de las víctimas, intenta ser una persona normal, tiene un blog de cocina y calma sus ansiedad con Xanax y cocinando pasteles para su página web. Sigue teniendo un contacto regular con Coop, dos o tres visitas al año y alguna llamada esporádica, unos lazos difíciles de explicar que unen a la joven con su salvador y a él con su protegida, Coop la hace sentirse segura, a pesar de que por su profesión, guarda las distancias afectivas, pero el caso es que siempre está ahí cuando ella le necesita.
Todo parece desmoronarse cuando Coop la cita para contarle que Lisa ha muerto, y dado que Samantha lleva años en paradero desconocido evitando a la prensa, solo queda ella, y de nuevo estará en el foco mediático.
Comenzamos con un prólogo para revivir diez años atrás el desenlace de los hechos vividos en Pine Cottage .para dar paso a la actualidad dónde será Quincy, narradora en primera persona de la historia, quién nos irá relatando su situación actual. Ella nos pondrá en antecedentes de lo ocurrido, su historia, su trayectoria y la de las otras chicas, su nexo común esos primeros años en el que estaban unidas por esa macabra experiencia y el interés mediático, sus pocos recuerdos del pasado, su vano intento de ser una persona normal camuflado en su afición al Xanax, su dependencia de Coop…
Un comienzo de lectura en el que tenemos la sensación de estar comenzando una película de terror solo que por el final, con esa sensación de curiosidad y morbo por saber lo ocurrido en el pasado y el efecto que algo así puede causar en una persona… pero que poco a poco y con el desarrollo de la historia y la aparición en escena de nuevos personajes que provocan un cambio en la protagonista, crea cierto clima de incertidumbre, de intriga psicológica, creando cierta duda en el lector de hacia dónde puede llevarnos esta historia, si la clave está en el pasado o en los nuevos acontecimientos del presente.
A través de una prosa sencilla y cercana a través de la cual Quincy relata sus sentimientos, recuerdos y sensaciones, y con la que consigue cierta empatía con el lector, avanzamos a un ritmo constante pero sin excesiva tensión narrativa, y esa narración se alterna con breves capítulos en los que un narrador omnisciente nos relata los momentos iniciales de ese fin de semana de estos amigos universitarios. Y aunque es cierto que la novela llega a una última parte mucho más cinematográfica y visual en la que el ritmo y la tensión narrativa, e incluso las dudas, tomas el protagonismo de la historia, creo que alterando la información de esos capítulos (que no siempre llevan un orden cronológico) la novela hubiera ganado en intriga e incertidumbre casi desde sus inicios, y a mí no me hubiera dado por hacer apuestas que luego resultaron ser ciertas, aunque tengo que reconocer que sin ningún fundamento claro, simple intuición.
En definitiva, “Las supervivientes” es una novela de intriga que comienza relatándonos el desenlace de una película de terror, un comienzo morboso en el que se introducen algunos acontecimientos y personajes que hacen evolucionar la historia hacia una novela de intriga psicológica y que sin tener excesivo ritmo inicial, poco a poco aumenta para llevarnos a unas últimas páginas cargadas de incertidumbre y un desenlace muy cinematográfico por el que no me sorprende que sea llevada al cine próximamente. Una novela que entretiene, cumple su función y os recomiendo leer.



